Durante los últimos cinco o seis meses he estado escuchando una serie de podcasts que hablan sobre desarrollo personal, cambio o mejora de hábitos y, básicamente, experiencias en la búsqueda de nuestra mejor versión.
Desde emprendedores hasta profesionales de diferentes áreas, deportistas y/o personas que han atravesado situaciones traumáticas, todos comparten los procesos que los llevaron a salir adelante, motivados por el mismo fin: la superación y desarrollo personal. Para nombrar algunos, he escuchado a James Clear (Hábitos Atómicos), Steve Peters, Robert Greene, Mo Gawdat, Andrew Huberman y Adam Grant, entre otros. Aunque cada uno de ellos habla desde diferentes lugares -y todos merecen la escucha-, hay un concepto que aparece en común y al que todos nos enfrentamos casi a diario: nuestro juez interior. Julia Cameron, en su libro El Camino del Artista, también habla al respecto de este tema, refiriéndose a él como el Censor – y seguramente podamos nombrar infinidad de autores que lo hagan.
Quizá ustedes también hayan atravesado esos momentos en el camino del despertar de la conciencia y del amor propio, donde nos damos cuenta cómo y cuándo empezamos a adoptar ciertas respuestas automáticas o actitudes que no son para nada sanas ni de ayuda alguna. Incluso, muchas de ellas seguramente hayan sido adoptadas a merced de lo que nuestro juez interior haya dicho que era mejor para nosotros.
Imagino que saben de lo que hablo cuando me refiero a esto… Esa voz que siempre tiene la visión insatisfactoria, ya sea la del miedo, la culpa, la frustración, la vergüenza o la timidez. Y, si nos detenemos a considerarlo, resulta increíble cuando nos damos cuenta de la cantidad de poder que nuestra mente tiene sobre nosotros y nuestro comportamiento.
Nos asumimos como una unidad, pero antes de poder comportarnos como tal -y como realmente quisiéramos-, tenemos que descubrir todas las capas desde las que nuestra mente ha estado operando, anulando y distorsionando, sin que seamos conscientes de ello. En definitiva, hay infinidad de cosas que desconocemos y no podemos controlar sobre nuestra mente y sus formas de actuar. Como por ejemplo… ¿De dónde viene esa voz? ¿Dónde puedo encontrar al juez para hablar con él o ella y callarle? ¿Tengo derecho a un abogado para enfrentarme a este juicio? ¿Dónde encuentro a ese abogado dentro de mi mente?
Mo Gawdat cuenta que él nombró a su cerebro para poder tener un mecanismo concreto para dirigirse a esa voz y decirle que pare, cuando empieza a hablar automáticamente, guiada por una línea de pensamiento errónea o destructiva. Yo llamé a la mía Elisa y estoy incorporando el hábito de decirle que pare, cuando me doy cuenta de que empiezo a rumiar sobre algo.
En una experiencia mucho más cercana, una de mis amigas que es psicóloga -y una gran compañera con la que compartir conversaciones-, me dijo una vez: «No creas todo lo que te dice la mente». Nunca lo voy a olvidar. Esto fue hace más de 10 años, yo ya tenía más de 20 y recuerdo la sensación de descubrimiento que sentí. Antes, me resultaba imposible considerar que mi mente y yo éramos entidades diferentes. Y lo que es peor… considerar que mi mente podía engañarme o confundirme. Mi amiga Camila fue más allá de esa frase y me dijo que nuestra mente puede construir refugios en lugares que considera familiares, aunque éstos no sean realmente saludables. Como son familiares, la mente los identifica como seguros y, dado que su propósito es, entre otros, garantizar nuestra supervivencia, está constantemente tratando de encontrar estos sitios en los que podamos permanecer a salvo gracias a la (falsa) premisa de que allí tenemos todo bajo control. Lo difícil es descubrir en estos casos que, en realidad, lo único que tiene algún tipo de control allí, es nuestra mente sobre nosotros, bajo un dudoso estándar de lo que debería ser la seguridad.
Después de la conversación con mi amiga, mi percepción acerca de los procesos del pensamiento nunca ha vuelto a ser la misma. Desarrollé un gran hábito al cuestionar mis conclusiones inmediatas y criticar mis antiguos refugios… Aunque todavía me cuesta mucho encontrar formas de detener la voz del juez interior y otros comentarios que Elisa plantea.
Un ejemplo: yo sé que mi mente cree que pensar continuamente en algo que me preocupa es una estrategia segura porque esto – supuestamente – me va a permitir tener el problema bajo control. Me doy cuenta de que esto es una ilusión, ya que no hay ninguna posibilidad de control real sobre nada fuera de mí, pero el comportamiento es difícil de detener.
Otro ejemplo fue cuando, hacia fines de 2022, empecé a darme cuenta de que solía confundir el rechazo con el amor, asociándolos como si uno fuera parte del otro. Así, mis bancos de memoria habían construido, desde mi adolescencia, un sistema de creencias y reconocimiento en el que solía identificar como seguro, un lugar en el que me rechazaban. La línea de pensamiento era: Me «enamoré» -suponiendo que sabía lo que eso significaba- >> luego era de alguna manera rechazada por ese alguien (ghosting, histeriqueo, llamenle como quieran) >> entonces eso era parte de lo que el Amor significaba para mí >> luego ese era un lugar seguro en el que permanecer. Salir de ahí significaba incertidumbre y desconocimiento, y eso en la mente dispara la advertencia de perder el control y peligro. Así que Elisa empezaba a gritar <quédate ahí, en el refugio del “amor”, que estás “a salvo”>.
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Steve Peters también es conocido como The Chimp Doctor y su trabajo se basa en una teoría que considera tres sistemas funcionando simultáneamente en la mente: el humano + el chimpancé + el ordenador.
Voy a intentar sintetizar la idea – con la debida disculpa, ya que no soy una experta.
Nosotros somos el humano, el chimpancé no está bajo nuestro control y el ordenador es un lugar al que podemos acceder para manejar al chimpancé. Este chimpancé está naturalmente preocupado por sobrevivir, pero no tiene recursos de gestión emocional, así que tenemos que nutrirlo para poder guiarlo. Un chimpancé nutrido no da problemas. Para esto, hay tres formas de entrenarlo: ejercitándolo (dejando salir nuestras emociones adecuadamente); con un poco de sparring (alimentándolo con hechos y «verdades», para que observe los argumentos que sus emociones plantean) y apaciguándolo (con distracciones y recompensas). Según este modelo, el humano y el chimpancé están interpretando y analizando todo el tiempo, mientras que la computadora trabaja con una programación rápida automática. Es realmente interesante profundizar en la propuesta, pero por ahora me voy a quedar con el sistema informático, que tiene una figura muy relacionada con nuestro juez interior.
The Chimp Doctor explica que la computadora está repartida por todo el cerebro en diferentes áreas, y que es básicamente nuestra red de memoria. Esta contiene creencias y comportamientos divididos en dos grupos: el piloto automático y el gremlin. 🧌 El gremlin vendría a ser la creencia conductual destructiva que no ayuda y Peters dice que hay al menos seis de ellas (!) 🤯 Como si con una no hubiera sido suficiente…
Yo interpreté al gremlin como el juez interior del que vengo hablando.
Así que, mientras nos castigamos a nosotros mismos, ya sea por la voz que nos está diciendo que no nos merecemos algo, que podríamos haberlo hecho mejor o que deberíamos quedarnos en algún lugar que no es seguro, el gremlin alimenta la mentalidad del juez y el chimpancé seguirá creando caos, a menos que lo entrenemos…
¿No les resulta increíble toda la vida y personajes que están activos dentro de esta caja negra que es la mente? Y todavía ni siquiera entramos en acción… 🥴😳
Llamar a estas voces o fuentes de conducta el Chimpancé, el Gremlin o el Juez Interno ya es un mecanismo que creo facilita esto de separar nuestro (verdadero) yo, del comportamiento automático y perturbador de nuestra mente. Para empezar a manifestar ese «yo» en el que queremos convertirnos, ayudaría -como mínimo- ser un poco más escépticos con los resultados inmediatos que se le ocurren a la mente. Al menos, intentar observar desde qué perspectiva proviene cada uno de ellos. ¿Es un resultado que proviene del miedo? ¿Se corresponde con la perspectiva de que “no merecemos nada mejor”? ¿O con aquella según la que “no lo hicimos lo suficientemente bien”? ¿Cuál es la voz que está hablando?
No soy capaz de aportar más conclusiones o métodos sobre cómo lidiar con este juez interior -y el posterior síndrome del impostor-, pero leer y escuchar a tanta gente tratando este tema ya me ha ayudado a entender algunos procesos de la mente. Al menos, aprender de estos mecanismos facilita identificarlos y ser más conscientes de las respuestas automáticas que se nos ocurren.
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Hace unos días estaba en el trabajo, donde suelo escuchar una emisora de radio del Reino Unido, que te permite elegir la década musical que querés escuchar a lo largo del programa diario. Durante la tarde, los presentadores pedían a la audiencia que les llamaran y dijeran qué década estaban escuchando y por qué.
Las décadas elegidas eran variadas, desde los 60s a los 90s, los 80s, etc. Pero las razones por las que se elegían, empezaron a coincidir. La respuesta que más escuché fue que los oyentes elegían la década que se correspondía con su adolescencia, la música de su juventud.
Esta elección, ¿no resuena un poco con el patrón? ¿Podría ser otro refugio en el que coexisten felicidad, automatismo y algo de engaño?
A lo largo de nuestra adolescencia puede que hayamos integrado modelos con los que ahora luchamos. Pero algo que probablemente atesoramos de entonces son los amigos que hicimos (la familia elegida) y lo bien que lo pasamos. El cerebro demuestra una vez más, con estas elecciones, que es capaz de devolvernos a lugares que pueden hacernos felices – con recuerdos, y seguir metiéndonos en problemas – con comportamientos automáticos, al mismo tiempo.
Si la música está ahí para devolvernos a todos esos recuerdos felices y convertirse en un refugio… que así sea! 🎉 Al menos, vamos a procurarnos una buena banda sonora que escuchar a lo largo de este profundo y valioso viaje hacia el despertar nuestra mejor versión… en la que soltemos los automatismos -pero preservemos los hitazos- 😉
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Y hablando de eso… ¿Cuál es su década musical favorita? 🎶
Yo me acabo de dar cuenta que he estado compartiendo todos estos podcasts con mi pareja, pero aún no se cuál es su preferida 🤔
… ¿Cómo nombrarían a su cerebro o a ese juez?
¿Experimentan alguno de estos sentimientos o luchas de los que hablo? ¿Cómo los gestionan?
Me gustaría leerlos 🙏… Al fin y al cabo, cuando exponemos nuestras batallas internas, creando comunidad a partir de lo compartido, es cuando los desafíos parecen más pequeños y, a veces, incluso más fáciles de abordar y superar.
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