A modo de breve intro al tema, en 2019 me vine de Argentina a Europa. Digo Europa, el continente entero, porque llegué a Barcelona, luego me instalé en Castelldefels, después de dos años allí hice un viaje por varios países del continente a modo de “scouting de ciudad donde vivir”, luego volví a Argentina unos 4-5 meses y de ahí volví a hacer otro viaje-scouting-paseo, que devino esta vez con el desembarco en Italia, primero dos meses en Cerdeña y luego 5 en la región de Sud Tirol, Val Senales, para instalarme luego de un año en Valencia, donde llevo 7 meses (veremos hasta cuándo).

Contrario a lo que el estar en movimiento constante podría haber generado, desde mi perspectiva, me enseñó a detenerme y poner la atención en tiempos de la materia y la tierra, un elemento del que vengo a aprender en este plano. En una búsqueda que hoy se está volviendo un aprender del tránsito más que de la mera persecución de cierta meta, empecé a migrar y con esa traslación empecé a prestar atención a tiempos más lentos, conectados con lo orgánico de la tierra, con una serie de transformaciones que suceden en silencio pero de manera constante y que, en su trabajo imperceptible, un día dan frutos, cambios y resultados que, para una mente errática, de velocidades vertiginosas y aceleraciones no newtonianas, están resultando una escuela hermosa para cambiar el foco y modo de muchísimos procesos inconscientes.
Las legumbres, primera lección, estar presente hoy y, la segunda, perseverar. Hidratarlas, planificar para mañana y por qué no para la semana. Un plan que no sea rígido. Planes más como esquemas, versátiles como la variabilidad de ensaladas y aglutinantes posibles, pero con una base de intenciones sólidas, como las proteínas. Cumplir con esos pasos del esquema, un paso a diario quizá, poquito a poco. Pasos como: un día hidratar, otro hervir, los siguientes procesar o combinar y así. Asimilar que la constancia no sólo crea rutinas sino hábitos saludables que multiplican las (mis) oportunidades. Hábitos como ocuparme de mi misma y mis intenciones pero integrando eso a tiempos reales, tiempos de la vida y la materia, tiempos concretos, realizables. No como los tiempos de la mente que a veces se tornan rumiantes, paralelos, anacrónicos, corrosivos y asfixiantes en su apilamiento. Tiempos, esta vez para mí, finitos como la materia, pero infinitamente potenciales también, como la energía.
Otra lección y observación, mis consumos y la dimensión de mi impacto, el sentido de pertenencia a una red de naturaleza universal o a una red natural del universo. Bajo la velocidad del pensamiento y me concentro en lo que mis sentidos son capaces de apreciar y no dejo de sorprenderme de lo caliente que está el planeta. Las flores de la primavera creciendo en pleno otoño, la nieve que no llega donde debería, el abrigo que se vuelve obsoleto en ciertas regiones, el agua que se evapora en exceso en unos lados y desborda descontrolada en otros, los olores a descomposición en el aire que se instalan y la indiferencia de la ciudad como una característica de su habitabilidad. Asumir de una vez por todas que las estaciones no son sólo un período del calendario sino una condición de existencia y potencial de la materia y de todo cuanto hay en la tierra. Empezar a entender el concepto de Recurso en una dimensión mucho mayor: el alimento, los elementos, la energía como combustible y la energía de mi cuerpo, también. Escuchar a este cuerpo casi como un acto revolucionario. Aprender a descansar. Comprar a granel, reducir el consumo de plástico, revisar mis deseos estereotipados, abastecerme entendiendo la relación de mi cuerpo como medio de transporte y capacidad de carga, con la cantidad que mis consumos y necesidades estipulan de manera real. Revisar la noción de necesidad. Qué tengo, qué quiero, qué necesito y qué de todo eso sobrevive a una revisión. Concientizar(me) sobre la necesidad de balance entre el pensar y el hacer, si lo que estoy haciendo y queriendo es disfrutar esta vida que es hoy en la tierra y que es de lo único que puedo estar segura, de momento.
Todavía sigo encandilada con la ilusión que opera en la mente cuando empezamos a despertar la consciencia. Una se olvida de cómo pensaba y qué pensaba antes a nivel de cosmovisiones generales. Hoy me identifico con perspectivas ecologistas y no puedo entender que haya tanta gente dormida aún, pero me olvido también cómo pensaba o hacía las cosas antes. Qué poco lineales son las formas del pensamiento cuando el olvido opera, ¿no? Sin embargo, la razón trata todo el tiempo de convencerme de esa falsa línea recta. #Bullsh!t.
Convenientemente, voy a usar la noción de bull-shit para abonar mi pensamiento, bajarme de esa vertiginosidad de lo simultáneo y quedarme con los pies en la tierra como nuevo hábito. No hay actividad trendy más atinada para sugerirle a un alma ansiosa que el Grounding.
A todo esto, éstas son sólo notas sobre el proceso de empezar a entender algo en la escuela de tiempos lentos y matéricos de la diaria. “Entender” sigo sintiendo que es algo que aún me queda grande. Algo así como “más aprendo cuando más comprendo todo cuanto desconozco».
Entonces, asimilar que nuestro movimiento genera impacto como cualquier energía en diálogo con el todo. Acción-reacción. Consumir en consonancia con la duración y tiempos de lo orgánico. No demandar de más a la tierra sino co-crear con ella. Construir de a un paso por vez, hábitos como recetas, como pasos y procesos. Hidratar proyectos con perseverancia y tiempos de la tierra, aprendiendo a escribir listas posibles en cada día de la agenda, que sólo así pueden ser listas reales.
Lo real como aquello del lado de Acá.
Y sí, bancarme1 la noción que propongo de lo que llamo ahora «real».
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Y hablando de impacto, naturaleza y formas de observar modos de habitar, les dejo el link a la obra del artista Andy Goldsworthy (https://andygoldsworthystudio.com/).
Goldsworthy es un artista nacido en UK en 1956, cuya obra se cataloga bajo la denominación de Land Art (arte de la tierra o la naturaleza). Independientemente de las categorías, su web es súper austera y bonita de visitar. En el index van a encontrar siempre la imagen de su obra más reciente y en el archivo, van a ver una obra por mes, de cada año que pasa. Si de modos de observar la naturaleza se trata y, según la ley del espejo, observarnos a nosotros mismos en el proceso, algunas de sus obras me remiten al simple acto estético de generar una forma bella o interesante con lo dado, casi como elegir cómo vestirnos o peinarnos a la mañana. Otras, podrían ser señalamientos de los elementos que consideramos del campo plástico, del diseño, el dibujo, la fotografía o la arquitectura, recreados en la naturaleza con la naturaleza misma. Y algunas otras que pude investigar, tienen que ver con la relación del cuerpo humano en su modo de habitar el medio, ya sea la ciudad, el campo o demás. En éstas obras hay más intervención con medios mecánicos o industrias -como la del granito, por ejemplo-, para recrear recorridos, formas o direcciones orgánicas que son invisibilizadas en la circulación diaria que hacemos en las ciudades. A mi personalmente me inquieta un poco el acudir a éstas industrias (con el impacto que suponen) para hacer obra que trabaja con la naturaleza, hablando de la naturaleza. Pero como toda inquietud, no lo estoy juzgando sino que es algo que me deja pensando y sobre lo que quiero leer más.
En definitiva, se los acerco, porque la forma netamente visual en la que presenta sus obras (efímeras, casi en su totalidad) es placentera de recorrer, con algunos simples epígrafes en las obras que lo ameriten. Me hizo acordar a la página web Astronomy Picture of the Day (https://apod.nasa.gov/apod/astropix.html), pero en una versión mensual, donde poder asistir a episodios de la naturaleza pero que esta vez muestran al ser humano en su ser y hacer incluido, aunque sea como sujeto tácito en la mayor parte de las fotos.
No se si tienen hábito de escuchar algún podcast con recurrencia cada mañana o semana, o ver ciertos perfiles de IG ya sean de noticias, data astrológica, cocina, lo que su algoritmo les proponga, pero la obra de este artista me pareció un lindo puente a otros escenarios de la urbe, donde apropiarse de lo que sea que les guste -o no- a su manera, y así desarmar un poco la distancia que la relación con las obras de arte genera tantas veces.
Hasta acá por hoy, que tengan buen día, buena tarde, fin de tarde, noche o la fracción de tiempo que les toque. Cualquiera que sea, que sea estando presentes (me lo digo a mi misma también).
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En esta red cada sujeto suma, en efecto. Además… las cosas se ponen más interesantes cuando hay ida y vuelta 😉
- Barcarme es una expresión del slang argentino para “tolerar/aceptar” en este caso. ↩︎
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