Explorando nuevos océanos: Relatos de Tesoros y Lágrimas

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Todos sabemos lo desafiante que puede ser armar las valijas para un viaje. A algunas personas les resulta más fácil que a otras. Encontrar el equilibrio entre lo que necesitamos y lo que deseamos llevar, puede ser abrumador para muchos de nosotros. 😅
Cuando el viaje implica migrar a otro país, continente o idioma, la idea de «equipaje» adquiere un significado completamente nuevo. En mi caso, tuve que dejar atrás mis queridos libros, todo mi taller de grabado y, lo admito, incluso lamenté dejar algunos de mis zapatos y accesorios.

Sin embargo, desde que me fui1 de Argentina, fui comprendiendo que las verdaderas lecciones de la migración van mucho más allá de las pertenencias materiales –evidentemente. Extrañar a nuestros seres queridos, los lugares y las experiencias vividas, se convierte en un bucle eterno, desde el momento en que ponemos un pie en el avión. Con el tiempo, quizá olvidemos los libros u otros objetos que dejamos atrás, pero la añoranza por las personas y los momentos atesorados evoluciona de una manera distinta. Ese sentimiento no se desvanece, sino que aprendemos a convivir con él.

El tablero de nuestras vidas se da vuelta y la partida comienza de nuevo. Las piezas casi magnéticamente regresan a sus posiciones iniciales, pero los jugadores cambian. Los roles pasan a ser ocupados por nuevos rostros. Tener el valor de vivir a la distancia y, desde allí, construir nuevas conexiones es un acto que demanda profunda valentía y creatividad. Creamos una nueva vida, abrazando ahora una forma de presencia que trasciende la cercanía física. Este nuevo juego no se trata sólo de sobrevivir; sino de nutrir lo que queremos que perdure—lo que atesoramos profundamente de una manera diferente a como solíamos.

Un par de meses después de llegar a España, en 2019, un amigo con el que no hablaba hacía muchísimo tiempo, me envió un mensaje para contarme que había sido papá. Hasta eligió una canción para reproducir en el audio, mientras me grababa el mensaje con la noticia. Al escucharlo me emocioné y, mientras charlábamos sobre el estar fuera, me dijo: “Si miras para atrás y no tenés nada por que llorar, es que hiciste todo mal2.
Esa frase cambió mi perspectiva. Desde un punto de vista un tanto reduccionista, hacer las cosas bien se traduciría en felicidad, no en lágrimas. Llorar suele interpretarse como un signo de tristeza, y lamentablemente no es algo que se nos anime a abrazar. Nadie quiere sentirse triste, y la mayoría de nosotros no hemos sido enseñados a dar lugar a esas emociones, al menos hasta cierto despertar de la consciencia. Pero llorar, por supuesto, puede ser la respuesta a muchísimas emociones más allá de la tristeza. Y aun así, lo evitamos porque es un estado en el que preferimos no encontrarnos. 

Cuando era chica, lloraba mucho. La gente a mi alrededor siempre lo señalaba. En mi adolescencia, me volví más reservada, tal vez tratando de encontrar formas de expresarme, como el arte o la música, sin sentirme juzgada. Ahora, de adulta, sigo siendo la que en mi familia “llora demasiado”, casi como si hubiera excedido alguna cuota límite o algo así. Para mí, sin embargo, llorar es tan esencial como respirar. Para que se den una idea, he llorado -incluso- de pura emoción, animando a corredores en una maratón o triatlón. Llorar me permite expresar sentimientos que las palabras no alcanzan a transmitir—volviéndose una mezcla de emociones, a veces incluso contradictorias, derramándose todas a la vez. Para mí, llorar es una forma de celebración. Es estar presente y abierta a la vida en su forma más pura. Ya sea por felicidad, tristeza, incertidumbre o emoción, abrazar nuestras lágrimas es una forma de honrar nuestras emociones y memorias. Es un recordatorio de que hemos vivido plenamente; una prueba de que mirar atrás trae ecos o instantáneas (snapshots) que nos hacen felices.

Encontrar tesoros a lo largo de nuestra línea de tiempo vivida, es razón más que suficiente para celebrar. Puede que esos tesoros no brillen, pero definitivamente iluminan nuestro camino. Reflexionando sobre las palabras de mi amigo, pude verme algo así como una pirata navegando los océanos de mi vida, en busca de tesoros—ya sean en forma de personas, relaciones, experiencias, momentos fugaces o paisajes que me dejen sin aliento.

¿No es maravilloso permitirnos jugar el juego de la vida siendo piratas, como cuando niños, una vez más? Abrazando el viaje, navegando los vastos océanos de emociones y recolectando tesoros que enriquecen y dan significado a nuestras vidas.

Les deseo la posibilidad de mirar atrás y sentirse agradecidos; la apertura para llorar por la vida cosechada este año que pasó, así como en los anteriores; ¡y un muy Feliz Año Nuevo! 💫🎉💟🕯️ Que el 2025 nos traiga océanos de amor en todas sus direcciones, aventuras y sueños a manifestar.




  1. Permítanme decir que nunca me fui. Sólo cambié la ecuación de tiempo. Se siente así. ↩︎
  2. Gracias Juanma 🙏🏼 ↩︎

4 respuestas a «Explorando nuevos océanos: Relatos de Tesoros y Lágrimas»

  1. Avatar de Carlos Del Río
    Carlos Del Río

    Tal cual, tendría que probar la migración, pero por ahora hago los viajes lo mas largos que puedo pero vuelvo, en pocos días estoy de nuevo en argentina, planeé pasarme por valencia el mes pasado que estuve cerca, pero unos amigos de lo ajeno me robaron las tarjetas en Venecia, y me complicaron el viaje europeo, habrá revancha el próximo viaje.

    Muy cierto lo del llanto como celebración y no solo como manifestación de tristeza, yo debo haber hecho algo bien por que lloro bastante,(sobre todo de dos años a esta parte).

    Como siempre un placer leerte, beso

    Carlos

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    1. Avatar de Lole Remon

      Carlos!! Qué placer leerte y saberte siempre por acá, muchas gracias!
      Tremendo lo de Venecia! Espero los trámites se hayan abierto paso lo más livianamente posible -no sé qué te habrá parecido, pero en mi paso por Italia, me di cuenta que no sólo somos hijos de sus gestos y modos, sino también de su burocracia :S.
      Sin duda el próximo, si Valencia es un punto en común, compartiremos un café 🙂

      Viviendo en Argentina también me mudé de ciudad varias veces, y creo que esas experiencias migratorias fueron casi como un entrenamiento y primer aproximación. Ahora, luego de un año mega heavy de transformación personal, creo que podría pensar la migración interna, como esas versiones de nosotros mismos que dejamos atrás cada vez que nos permitimos transformarnos en una versión más actualizada de nosotros mismos. Más coherente con cómo nos sentimos y pensamos hoy.. Es el mismo mix de nostalgia y celebración creo. Igual estoy pensándolo mientras escribo…

      A celebrar ese llanto, totalmente. Vida cosechada.

      Gracias! ❤

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  2. Avatar de paradiseimpossibly
    paradiseimpossibly

    Precioso! Es todo un canto a la vida 🙂

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    1. Avatar de Lole Remon

      Me alegra mucho que llegue así 🙂 Graciaas!

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